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Sportswashing: el Mundial de Arabia Saudí 2034

Arabia Saudí será la sede del Mundial de futbol de 2034. Como candidata única, se espera que la votación del 11 de diciembre sea un mero trámite para oficializarlo. Pero su apuesta ha sido señalada como parte de una estrategia de estado de sportswashing, un término que señala formas de blanquear la imagen, especialmente en términos de opresión y violación de derechos humanos, de una nación u organización a través del deporte.

No es algo nuevo, pero se ha vuelto ya frecuente en los últimos tiempos.

En 1936, Berlín acogió los Juegos Olímpicos. Alemania ya vivía bajo la dictadura nazi, pero para entonces no se sabía que tan nociva sería para el mundo. Diez años después, en los juicios de Nüremberg, se supo que 6 millones de judíos y personas de otras etnias fueron exterminadas en sus campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

Este ejemplo fue un llamado de atención para que el deporte fuera más selectivo en sus sedes de competencia y en lo que promueven sus eventos.

Incluso el caso de México con los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial de futbol de 1970 puede ser calificado de caso de sportswashing. De acuerdo con versiones de medios de información extranjeros, más de 300 jóvenes fueron asesinados por el Ejército Mexicano el 2 de octubre, 10 días antes de la inauguración de los Juegos del 68, mientras la versión del gobierno mexicano habló de solo 29 fallecidos, todo esto en el marco de un movimiento social encabezado por estudiantes universitarios. La política represora del gobierno mexicano continuó por años.

Arabia Saudí promueve una imagen de inclusión a la mujer para la candidatura del Mundial 2034, pese a que sus leyes aún restringen, con castigos severos, su participación en la vida pública. | Foto: Federación de futbol de Arabia Saudí

Dinero y sportswashing

La creciente comercialización del deporte, particularmente en las últimas tres décadas, ha vuelto a exhibir este problema. Hoy en día, los ojos están puestos en Arabia Saudí, pero China y Rusia ya emplearon estas tácticas hace no mucho tiempo.

Los Juegos Olímpicos de verano de Beijing 2008 fueron objeto de protestas por violaciones a derechos humanos ocurridas en el territorio chino y para exigir la independencia del Tíbet. El recorrido del fuego olímpico, que visitó entonces los cinco continentes, fue interrumpido por manifestantes decenas de veces en varias ciudades. 

El menos importante de los efectos, y fue importante, es que desde Londres 2012 la antorcha solo recorre el territorio del país sede.

China, de hecho, también fue sede de los Juegos Olímpicos de invierno de 2022 y lejos de mejorar la situación en esos 14 años, más de 180 organizaciones defenosoras de derechos humanos pidieron un boicot a esos Juegos.

Rusia, de mecenas a paria del deporte

En la década pasada, Rusia organizó los Juegos Olímpicos de invierno de 2014 en Sochi, el Mundial de futbol de 2018, el de atletismo de 2013 en Moscú, el de deportes acuáticos en Kazán y el de taekwondo en Chelyabinsk en 2015, y desde un año antes se le dio la concesión para un Gran Premio de Fórmula Uno que organizó hasta 2021 -justamente en el parque olímpico de Sochi-, entre muchos otros eventos.

Desde entonces ya sobraba evidencia de un régimen autoritario, intolerante a personas del colectivo LGBT+, a opositores y censor de la información pública.

Hoy en día Rusia es una nación paria del deporte. Primero por el sistema de dopaje de estado que se demostró en la segunda mitad de la década pasada y actualmente por la invasión a Ucrania, que inició en febrero de 2022.

De hecho, Beijing 2008 y Sochi 2014 son, a la fecha, los Juegos Olímpicos de verano e invierno, respectivamente, más costosos de la historia.

Arabia Saudí, el ‘oasis’ del deporte… y del sportswashing

Pero los ojos actualmente están puestos en Arabia Saudí. La organización danesa ‘Play the Game’ señala en una investigación, difundida por el diario El País, que los árabes tienen al menos 910 contratos relacionados con el deporte, en todo el mundo, para blanquear la imagen del régimen.

Estos van desde la organización de eventos como su Gran Premio de la Fórmula 1, peleas de boxeo, torneos de futbol, patrocinios y lo que será la joya de la corona, la organización del Mundial de futbol de 2034, para la que es candidata única y será anunciada como sede el 11 de diciembre.

El conteo incluye 194 contratos, de los 910, relacionados al futbol, poco más del 21 por ciento. El segundo deporte más beneficiado es el boxeo, con 123 acuerdos.

Pocos deportes se escapan, pero lo que sorprende son los ESports, el quinto con más acuerdos con 66, incluidos los Juegos Olímpicos de ESports, que fueron aprobados antes de los Juegos de verano de París y serán celebrados cada año desde 2025, no cada cuatro, y con las primeras 12 ediciones a realizarse en Arabia Saudí.

Número de contratos deportivos firmados por el gobierno árabe. | Info: Play the Game; gráfico: El País

¿Pero… y qué tiene de malo el sportswashing árabe?

Bueno, la FIFA otorgó a Arabia Saudí una calificación de riesgo “medio” en materia de derechos humanos al evaluar su candidatura para el Mundial de 2034. Pero esta evaluación le pareció poco a la organización defensora de los derechos humanos ‘Amnistía Internacional‘, que en noviembre pidió que se detenga este proceso para otorgarle la sede del torneo, pues prevé casos discriminación contra aficionados, desalojos forzosos de residentes, explotación de trabajadores migrantes y muertes por estos factores.

Tan solo para Qatar 2022 se contaron al menos 6 mil 500 muertes de trabajadores en la construcción de estadios, la inmensa mayoría, migrantes de otros países asiáticos.

Entonces, ¿por qué interesa tanto que Arabia Saudí organice el Mundial? Claro, hay mucho dinero de por medio.

El expediente de candidatura de Arabia Saudí expone ambiciosos planes de construir o reformar 11 estadios, más de 185 mil habitaciones de hotel adicionales e importantes proyectos de infraestructura, desde conexiones de transporte hasta… nuevas ciudades. Sí. como ocurrió con Qatar.

Además, Aramco, la empresa petrolera estatal, patrocina a la FIFA por 100 millones de dólares anuales, lo que provocó que un numeroso grupo de futbolistas femeninas, más de 100, protestara por las vejaciones que sufren las mujeres en ese país, como la condena a Salma Al-Shehab, estudiante de doctorado, a 27 años de prisión simplemente por retuitear en favor de la libertad de expresión, y la instructora deportiva Manahel Al-Otaibi, sentenciada a 11 años de cárcel por promover el empoderamiento femenino en redes sociales.

Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, las ha dejado en visto.

¿Cuánto cuesta comprar el silencio por las violaciones a los derechos humanos?

Cien millones de dólares para cualquier mortal es muchísima plata, pero representan solo el 0.08% de las utilidades de Aramco en 2023… y eso que ese fue un año “malo”. Con eso compraron el silencio de la FIFA, como si un trabajador con salario promedio en México -de 11 mil pesos mensuales- compre impunidad total al pagar solo 109 pesos en un año.

El príncipe heredero y primer ministro del país, Mohamed Bin Salman, fue muy claro respecto a su estrategia, en una entrevista que dio el año pasado a Fox News:

“Si el sportswashing va a incrementar mi Producto Interno Bruto en 1%, entonces seguiremos haciendo sportswashing”, dijo Bin Salman en septiembre de 2023.

Por supuesto que el dinero es tentador. Pero ¿cuál es el límite para no echar a perder una de las cosas más bonitas que ha creado la humanidad, que es el deporte?


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