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Listón amarillo, listón rojo

Hace ya muchos años asistí a una plática con Felipe Muñoz, quien entonces era el presidente del Comité Olímpico Mexicano, en el Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México.

El tema de la plática era el financiamiento del deporte. Hubo dos cosas que me llamaron mucho la atención: una fue que el ‘Tibio’ dijo que por mucho dinero que se destine al deporte nunca va a ser suficiente, que siempre habrán más necesidades, y eso es algo en lo que a la fecha concuerdo.

Lo otro fue un ejercicio ilustrativo que hizo: llevó dos listones que en su mayor parte eran amarillos, pero que tenían también una pequeña extensión en color rojo. Un listón era visiblemente más largo que el otro.

El listón largo fue tendido en el suelo del salón y el corto fue pegado en la pared desde el suelo y hasta donde llegara a lo alto.

El del suelo, en su parte amarilla, era el récord mexicano del salto de longitud y su parte roja era lo que faltaba para llegar al récord mundial; el de la pared, representaba lo mismo, pero con el salto de altura.

«Ese pedazo rojo cuesta millones de dólares», dijo Muñoz. Una frase que, a más de 20 años de distancia, no puedo dejar de recordar.

Hoy, 12 de julio de 2023, se cumplen 10 años del récord mexicano de Luis Rivera en el salto de longitud, fijado en la Universiada Mundial de Kazan. Semanas después, Rivera ganó la medalla de bronce en el Campeonato Mundial de Moscú. El listón amarillo del salto de longitud ya mediría 8.46 metros, pero los 49 centímetros que faltan para la marca mundial (8.95 m., de Mike Powell en 1991) son esos millones de dólares a los que hacía referencia Felipe Muñoz.

El listón del salto de altura también permanecería igual hoy en día en todo su largo: el récord mundial de Javier Sotomayor (2.45 m.) está a unos días de cumplir 30 años, pero hace un par, en 2021, Édgar Rivera (hermano de Luis, por cierto) fijó el nacional en 2.31 m.

¿El dinero nunca será suficiente o simplemente no se invierte?

México es la economía número 14 a nivel mundial y tiene a la décima población más grande del planeta. Si nos dejamos llevar por una correlación que indique que el tamaño del país en esos aspectos determina la posición en el medallero de los Juegos Olímpicos, nuestro país debió terminar en Tokio 2020 con un rango de 6 a 10 medallas de oro y entre 15 y hasta 40 totales.

En lugar de eso, terminamos en el lugar 84 con cuatro medallas, todas de bronce.

Por supuesto que esa correlación tiene sus excepciones. Mientras, en efecto, países poderosos económicamente como China, Estados Unidos, Japón y el Reino Unido dominan el medallero, al top 15 se metieron Nueva Zelanda, Cuba y Hungría, cuyos PIB‘s son el 50, 61 y 64 respectivamente.

La posición de México en el medallero podría explicarse más por el lugar 67 a nivel mundial de PIB per capita (sorpresa, México es un país con mucha gente y poco dinero, que además está muy mal repartido), pero en realidad, la tabla de medallas está más condicionada por el PIB total: Estados Unidos, China y Japón, el top 3 de Tokio 2020, también son las tres economías más grandes del mundo.

De estos datos hay una conclusión sencilla: en México se invierte muy poco en deporte y sus resultados dependen económicamente más del esfuerzo de nuestros atletas y sus familias que del estado o de los poderes económicos privados.

Ganamos algunas preseas porque somos muchos, no porque seamos un ejemplo de excelencia deportiva.

Por costumbre y método, nuestros gobernantes nos han hecho creer que merecemos poco, que somos malos y que nuestras victorias deben ser vistas como una bendición caída del cielo y no como una verdadera opción que tenemos. Que merecemos cuatro medallas olímpicas y que eso está bien. No es así. Ya basta.

Nueva Zelanda ganó 7 medallas de oro, 20 totales en Tokio 2020… Con 5.1 millones de habitantes.

Nos va muy bien en Juegos Centroamericanos y del Caribe y en Panamericanos por dos motivos: uno, tenemos unos atletas entrones, ejemplares, que han sufrido de todo y han madurado gracias al deporte; y dos, somos muchos, somos el país más grande del área Centrocaribeña y de los más grandes del continente.

Pero cuando se trata de enfrentar a los mejores de cinco continentes, el tamaño importa menos. Importan más esos millones de dólares que cuesta el listón rojo. Con el amarillo alcanza para ser una potencia regional. Por esto es que los dos magnos eventos deportivos regionales no son un parámetro que anticipe el tamaño de los éxitos en Juegos Olímpicos.

El listón rojo olímpico

Entonces, ¿el gobierno de México debe invertir mucho más dinero en deporte?

Pongo esta respuesta en dos partes: a nivel de deporte masivo sí, porque el presupuesto actual de la Conade al año por habitante es pírrico, no es de más de 1.5 dólares (sí, dije al año); pero en el alto rendimiento, además, se debe apostar más por crear estructuras que favorezcan las inversiones privadas y no depender de caprichos y de la capacidad de gobernantes en turno.

Muchos se sorprenderán al saber que el monto que destina el gobierno de Estados Unidos específicamente al deporte es cero. Sí: cero. La base del modelo deportivo del país más poderoso del mundo está en las escuelas y universidades y se sostiene, en la parte alta de su pirámide, con fondos de iniciativa privada. Fondos millonarios.

Estados Unidos no tiene un ministerio del deporte como Conade lo es en México, pero sus universidades captan millones de dólares al año para sus programas deportivos. Si la NCAA fuera un país, doy por hecho que estarían en el top 10 y probablemente hasta en el top 5 del medallero olímpico.

Tan solo los ingresos de la Universidad de Notre Dame por su programa deportivo son de 165 millones de dólares, al tipo de cambio actual, cercano a los 2,800 millones de pesos. Ese monto es superior al presupuesto anual de Conade. Y hablamos solo de una universidad.

Lo otro no es solo invertir, sino también cómo invertir. Cuba ya no nos gana en Juegos regionales, pero siguen sacando campeones olímpicos porque, si bien ya no tienen los recursos del bloque comunista en la era de la guerra fría, desarrollaron un método infalible de detección temprana de talentos y desarrollo que les ha permitido captar a los mejores de cada generación.

En México, el descubrimiento de talentos lo llevan los estados y de los 32, son muy pocos los que realmente hacen buena detección y desarrollo. Jalisco, Baja California y Nuevo León son esas excepciones. Otros lo hacen menos bien. Y a la mayoría, en la realidad, no les importa. Nacer en uno de los estados correctos, o ser llevado de otras entidades a esas, es condición también para desarrollar el potencial deportivo de un joven. Y ya en los Juegos Conade (antes la Olimpiada Nacional) poder ser vistos por los entrenadores de las selecciones nacionales.

Un talento deportivo en México, en realidad, si fue detectado, se sacó la lotería.

El listón rojo que nos lleve a 6 medallas de oro y 20 totales unos Juegos Olímpicos nos llevará mucho dinero y mucho tiempo, pero sobre todo, a desarrollar un programa deportivo eficaz.

Algo que nos tomará, si se empezara a trabajar ahora, al menos una generación.


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