Deportes, Tenis

Rafael Nadal y su retiro: grandeza, títulos, tics y supersticiones

Rafael Nadal tal vez es el más grande genio que haya pisado una pista de tenis y uno de los más grandes de cualquier deporte. Un compendio de grandeza, el indiscutible “rey de la arcilla”, un hombre que redefinió el tenis, pero también de tics y supersticiones.

Su apellido ya era conocido en España. Un tal Miguel Ángel Nadal fue seleccionado nacional de futbol que participó en tres Mundiales, pero su sobrino fue quien inmortalizó el apellido. Una entrevista a Miguel Ángel en 1989, cuando el Mallorca logró el ascenso a Primera División, fue la presentación pública del pequeño Rafa, cuando el tío lo cargó frente a la cámara.

Ese niño que entonces tenía solo tres años de edad, era diestro, pero durante su infancia y adolescencia perfeccionó su tenis… con la zurda.

Su viaje lo conocemos bien. A los 17 años le ganó por primera vez a un número uno del mundo, un tal Roger Federer. A los 18, fue campeón de la Copa Davis. A los 19, ganó su primero de 14 títulos de Roland Garros. A los 21 cumplió su sueño de ganar Wimbledon. A los 22 fue campeón olímpico por primera vez. 

Su palmarés va más allá de lo fantástico: 22 títulos de Grand Slam, 36 Masters 1000, dos oros olímpicos y en total, 92 victorias en torneos de la ATP. Junto Serena Williams, los únicos en ganar al menos una vez cada Grand Slam y con oros Juegos Olímpicos en singles y en dobles.

La rivalidad más grande del deporte, contra Roger Federer

Pero es probable que los números se queden cortos si pensamos en cuando compartía la pista con Roger Federer. No dudo en decir que es la más grande rivalidad que haya existido jamás en el deporte, no solo por su inconmensurable nivel deportivo, sino también porque resignificaron la palabra “rivalidad”.

Rafa nunca le dio tregua. Llevó su cuerpo al límite para alcanzarlo y… superarlo. Pero con cada uno de sus 40 enfrentamientos (24 de ellos, victorias para Rafa) pasaron del respeto a una amistad que no podían ni querían ocultar. Un ‘bromance’, podríamos decir.

Las lágrimas de Rafa en el partido de despedida de Roger, cuando fueron compañeros de dobles en la Laver Cup de 2022, son un ícono del deporte, una imagen que perdurará por generaciones.

Roger Federer y Rafael Nadal durante la Laver Cup de 2022, evento que sirvió de despedida del tenis profesional para Roger. | Foto: Antoine Couvercelle / Federación Francesa de Tenis

Un compendio de tics y supersticiones

El genio de Mallorca tiene rituales extraños en la pista, como colocar formadas sus botellas de agua.

Cada vez que está al saque, limpia la línea de fondo de pista, se sacude la tierra del pie izquierdo y luego el derecho, se acomoda el short, se toca el hombro izquierdo, el derecho, la nariz, la oreja izquierda, otra vez la nariz y la oreja derecha.

En el Abierto de Australia lo pescaron: recorría a pie todo el letrero de Melbourne de la pista. Siempre. 

En efecto, Rafa es un compendio de grandeza, títulos, tics y supersticiones.

Sus gestos en entrevistas y conferencias de prensa siempre son muy transparentes y sus respuestas, muy concisas, además de respetuosas, aunque nunca dudo en hacer ver cuando una pregunta le parecía provocativa.

El ‘game changer’ del tenis contemporáneo

Pero ante todo, Rafa fue magia pura. Fue un ‘game changer’, como se les dice a quienes redefinen su deporte.

Aunque todos lo conocen más por sus 14 títulos de Roland Garros, por mucho el número máximo para cualquier Grand Slam, hay que ver el fino detalle de cómo logró ganar Wimbledon con su estilo de juego desde el fondo de la cancha, cuando el césped es una superficie que favorece a quienes atacan en la red. 

Sí, como Roger.

Para ganarle a Rafa se necesitaba no solo jugar a la perfección. Fue inquebrantable. Y aunque sí podía llegar a perder, jamás nos decepcionó. Jamás dejó de entregarse al 110 por ciento.

Cuando su cuerpo no se lo permitió, supo que era el momento de dar un paso al costado.

¿Pudo ser más grande sin Roger Federer ni Novak Djokovic?

Acaso la vida fue tan injusta que Rafael Nadal compartió época con los otros dos más grandes íconos en la historia del tenis masculino, pero yo prefiero pensar que de haber ido solos, ninguno de ellos habría sido tan grande. La competencia entre Rafa, Roger y Novak Djokovic los hizo crecer al tamaño que los conocimos.

El viaje de Rafa en el tenis profesional terminó en la Copa Davis de 2024, pero a sus 38 años la vida continúa.

Ya no es el adolescente de cabello largo, banda en la cabeza y playera sin mangas. Ahora es un padre de familia dispuesto a cargar a su hijo como alguna vez lo cargaron a él y lo guiaron para ser la leyenda viva que ya es.

Ojalá disfrute su retiro tanto como nosotros disfrutamos verle en la pista.


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