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La solidez de España contra la épica de Argentina: llegó el día de la Final del Mundial

España se ha mostrado como el equipo más sólido del Mundial, pero Argentina no conoce la derrota, incluso en las peores adversidades.

Argentina va por el bicampeonato y España por su segundo título en la historia.

En 96 años de historia de las Copas del Mundo de futbol, solo dos han logrado repetir como campeones: una Italia amenazada de muerte en la era de Benito Mussolini y una Brasil tocada por el estado de gracia de dos jóvenes apodados Pelé y Garrincha.

Desde que el Scratch du Oro completó la hazaña en Chile 1962, los intentos de ser bicampeones se han quedado en eso, en intentos. Argentina en 1990, Brasil en 1998 y Francia en 2022 fallaron en la Final y la Albiceleste enfrenta el desafío por segunda oportunidad.

Suena como a una maldición, considerando la cantidad de bicampeones que hay en las Ligas y torneos profesionales más populares del mundo, pero la realidad es que cuatro años es una eternidad, y más en el deporte contemporáneo, para pensar que un equipo puede estar en la misma forma que su versión anterior.

Trascender en un Mundial después de ser campeón es más complicado de lo que creemos. De hecho, quitando a los cuatro ejemplos mencionados hace dos párrafos, para ver al último semifinalista -no finalista- que llegaba a esa Copa del Mundo como campeón vigente hay que remontarnos a la Brasil de Alemania 1974. Hace 52 años.

Además de ver al primer bicampeón en 64 años, podríamos ver también al primer director técnico que gana dos Mundiales en 88, pues solo el italiano Vitorio Pozzo lo logró en 1934 y 1938. Lionel Scaloni quiere ese lugar en la historia.

España, con gestos de la campeona de 2010

Hace 5 semanas dudábamos del nivel de España tras su empate contra Cabo Verde. Después nos dimos cuenta de que las siete atajadas de Vozinha y la ferocidad de los africanos no era casualidad, pero la realidad es que La Furia es de esas selecciones que siempre va de menos a más en un Mundial. A veces empiezan demasiado bajos y terminan en fiascos como los de Francia 1998 y Brasil 2014 y otras más recuperan su mística y nivel para ser la versión de Sudáfrica 2010.

Y esta última es la que parece repetirse en esta Copa del Mundo.

A España no le duele nada. Unai Simón ha hecho todo el trabajo que se le ha pedido y de no recibir un gol hoy, será el portero campeón del mundo con menos anotaciones encajadas en la historia de los Mundiales. Pedro Porro y Marc Cucurella son los laterales que otras potencias desearían tener (incluida Argentina); Aymeric Laporte es 13 años mayor que Pau Cubarsí y se entienden en la defensa central como si llevaran dos décadas juntos; Rodri recuperó el nivel que lo llevó a ganar el Balón de Oro después de sufrir una espantosa lesión y junto a Fabián Ruiz tienen control del mediocampo sin importar el rival; escoge tu veneno, porque quien tenga el balón, ya sea Dani Olmo, Alex Baena o Lamine Yamal te pueden hacer daño y Mikel Oyarzabal es ese killer que ya están observando los clubes más poderosos del mundo para quitárselo a billetazos a la Real Sociedad.

¿Y su banca? Bueno, Mikel Merino ya marcó dos goles en Octavos y Cuartos de Final entrando de reserva. Si algo le pasa a Simón, el portero del campeón de Inglaterra, David Raya, está disponible. Tener en la banca a Marcos Llorente, Gavi, Nico Williams, Pedri, es un lujo que, otra vez, muchas potencias desearían. Lo único que le faltó a esta España respecto a la de 2010 fue llegar con el aura del sextete del Barcelona de 2009.

Incluso Luis de la Fuente se las arregló para formar un trabuco sin un solo jugador del equipo más grande del siglo XX -según la FIFA- y máximo ganador de la Champions League, el Real Madrid.

El reto es para el campeón, no para el aspirante

El reto para Argentina será superar a un equipo mejor armado y más sólido que ellos. Después de cuatro victorias donde la épica superó cualquier oposición, incluida la de la lógica, enfrentarán a una selección que parece no tener eslabones débiles o que, por lo menos, no los han exhibido en sus últimos seis partidos.

Porque era previsible que Marcus Rogers y Anthony Gordon se comieran a Nicolás Tagliafico y Nahuel Molina, tal como ocurrió en el gol de Inglaterra, pero si Argentina huele tantito miedo, como cuando echas el autobús de dos pisos para defenderte en el área, indudablemente te va a hacer daño.

Por ahí va la primera preocupación que debe tener Lionel Scaloni: cada que Lamine Yamal tome el balón y enfrente a Nicolás Tagliafico, habrá una amenaza de peligro. Y si Alex Baena no es tan hábil para quitarse de un regate a Nahuel Molina, puede asociarse con Dani Olmo, quien ya demostró que con un toque puede desarmar a cualquier defensa.

Además, Marc Cucurella y Pedro Porro pueden sumarse al ataque y en la medida en la que Argentina pierda control de las bandas, los españoles lo van a hacer.

Las posibilidades de los vigentes campeones del mundo aumentarán en la medida en la que su defensa y mediocampo pueda contener a los retadores, porque si algo tiene Argentina es variedad y poder en el ataque. Igual te pueden marcar con un disparo desde fuera del área de Lionel Messi o Enzo Fernández, como con un cabezazo de Lautaro Martínez, que mide 1.74 m.

España no ha estado abajo en el marcador en todo el Mundial. Quizás solo sintió mometos de apremio por marcar contra Cabo Verde y Bélgica. Argentina, por el contrario, parece administrar su esfuerzo con primeros tiempos poco ofensivos. Por tanto, poca gente esperaría un escenario en el que la Albiceleste abra primero la portería rival.

Me cuesta trabajo pensar que será una Final de pocos goles o incluso inclinada de un solo lado.

Solo nos queda disfrutar a los mejores jugadores del mundo.


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