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El Mundial de los migrantes

Nico Williams es el perfecto ejemplo de lo que una familia de migrantes puede lograr, en un mundo que tiende a cerrar fronteras.

Nico Williams: español, hijo de ghaneses y campeón mundial de futbol.

De los 1,248 futbolistas convocados al Mundial, 289 nacieron fuera del territorio de su país, pero ese número no alcanza para poner en cifras el poder de las comunidades migrantes en este Mundial. Fue el hijo de dos ghaneses, hermano de un seleccionado de ese país, el artífice del gol que proclamó a España como campeón mundial.

No hablo del autor del gol, Ferrán Torres, sino de quien le dio la asistencia, Nico Williams.

Aunque él nació en Pamplona, su apellido anglosajón y su tez oscura evidencian su origen ajeno al de la península ibérica. Felix Williams y María Comfort Arthuer salieron de Ghana y cruzaron el Sahara hasta poder refugiarse en España tras un viaje tortuoso. Felix llevó por muchos años las lesiones provocadas por caminar descalzo en la arena a temperaturas extremas y María no sabía que estaba embarazada al iniciar la travesía.

El viaje fue como el de muchos migrantes: pagaron mil dólares a traficantes de personas, cruzaron ocho países y la mafia los abandonó a su suerte a medio camino. No todos lograron llegar. Llegaron a Melilla en abril de 1994 y saltaron la alambrada fronteriza. Fueron detenidos y salvados de la deportación por un abogado de la asociación Cáritas que les recomendó decir que venían de Liberia, un país en guerra, y pedir asilo político.

Iñaki Williams nació en junio, en Bilbao, donde la pareja se instaló. Nico nació ocho años después, en Pamplona. Félix y María hicieron todo lo posible para subsistir en un país ajeno, incluso pasar años separados por un trabajo que le consiguió un familiar en Londres a Félix. María también tuvo que trabajar mientras cuidaba a sus dos hijos. Iñaki terminó por convertirse en el guardian de Nico y ser algo más que un hermano mayor.

Iñaki debutó con el Athletic de Bilbao en 2014 y finalmente pudo regresar a su padre tras siete años en Londres. El hijo mayor de Félix y María no ha conocido otro equipo desde que juega en Primera División, hace 12 años, y en él milita también Nico desde 2021. El Athletic está fuertemente ligado al nacionalismo vasco y solo admite jugadores nacidos o formados futbolísticamente en la región, por lo que ver a dos futbolistas de raza negra con sus playeras es algo que todavía no podemos considerar normal.

Como pasó con los hermanos Kevin-Prince y Jerome Boateng hace 20 años, los Williams decidieron representar a selecciones distintas: Iñaki a Ghana, el país de sus padres y Nico al que los acogió. Los dos jugaron su segundo Mundial. Curiosamente, los Boateng también tienen raíces ghanesas, pero nacieron en Alemania.

Nico Williams es un talento precoz. Pudo perfectamente ir a los Juegos Olímpicos de París, pero Luis de la Fuente lo pidió para la Eurocopa hace dos veranos. En una selección desbordada de talento en el mediocampo ofensivo, debió esperar para tener sus oportunidades. Jugó seis de los ocho partidos del Mundial, todos como relevo, se perdió los de Dieciseisavos y Octavos de Final por una una contusión en el aductor derecho tras una dura entrada ante Uruguay.

Su ingreso en la Final fue decisivo. Entró a la cancha al minuto 75 y fue una pesadilla para la defensa argentina, le anularon un gol de forma muy cuestionable al 96’, pero 10 minutos después, cuando pudo rematar de cabeza a portería, prefirió servir a la llegada de Ferrán Torres para la anotación que le dio el título mundial a España.

Nico Williams recibió su medalla de campeón de manos de Donald Trump, uno de los jefes de estado más hostiles hacia la migración, y la llevó y colgó en el cuello a su madre, una refugiada de los años 90 que hizo todo lo posible para darle a su familia una vida mejor.

Hay historias que se forman desde los desiertos. No todas tienen que ser las de campeones mundiales, pero en un mundo de fronteras cada vez más cerradas y políticas migratorias cada vez más hostiles, hay que nombrar y celebrar con júbilo las historias de éxito que nacen de estos viajes peligrosos, de vida o muerte, para reivindicar el poder del ser humano y la bondad y la generosidad de quienes los reciben y los acompañan, frente a la tiranía de quienes cierran tierras que incluso no son suyas.

De aquellos que confrontan directamente a quienes creen que los migrantes no caben en sus países, pese a ser hijos o nietos de ellos.

Porque que el 23 por ciento de los futbolistas de este Mundial hayan nacido fuera de los países a los que representaron no es suficiente para exhibir el poder de la migración en el deporte más popular del mundo.

Un deporte que abre fronteras celebró su Mundial en uno que las cierra. Ojalá que la FIFA se dé cuenta de lo que hace. El futbol no puede ser ajeno a quienes lo practican ni a quienes alimentan su industria.


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